Por Mauge Cañada

“Un grupo es un equipo vivo cuando los miembros comparten una visión común, mantienen relaciones significativas entre sí, en una estructura de comunicación y de toma de decisiones que valora la libertad y la responsabilidad de las personas del grupo” ( Gilles Charest).

Cuando ese grupo se reúne para realizar algún tipo de acción conjunta, material o inmaterial, se organiza. Cuando esas acciones son una  parte constante de la vida del grupo, ese proceso se estructura, y se concreta en una organización.

Las organizaciones son estructuras que alojan, custodian, enfocan el hacer de un grupo. Están vinculadas a la acción.

En facilitación, es necesario observar esta sutil diferencia, porque las herramientas o “puertas de entrada” al proceso, no son necesariamente las mismas.

Las organizaciones las observamos (“diagnosticamos”) mapeando la estructura, desandando el camino desde la “acción o acciones” realizadas, repasando el camino del proceso de implementación, yendo hasta la fuente inicial: la toma de decisiones.

  • ¿La decisión ha sido tomada en el lugar apropiado?, ¿en el modo acordado por el grupo? (Legitimidad)
  • ¿En el equipo a cargo de la implementación, sabe cada persona cuál es su labor, su responsabilidad? ¿Hay un rol claro de liderazgo para esa acción? ¿El equipo ha dispuesto de los recursos necesarios? ¿Se ha planificado de forma eficiente el proceso o hay muchos imprevistos? ¿El ambiente de trabajo es cordial y considerado? (Planificación)
  • ¿El resultado ha sido el esperado?, ¿en los tiempos previstos?, ¿con el coste en recursos y tiempo acordados? (Evaluación y feedback)

El espacio de estructura y gobernanza de la facilitación no se entiende sin observar la convivencia de un grupo en una organización y requiere comprender  las afinaciones diferentes de cada manifestación: el grupo y el tejido de relaciones e interacciones; la organización: la voluntad del grupo estructurada para la acción o acciones.

Esta diferenciación puede aportar claridad en los grupos y la facilitación puede ser la herramienta que acompañe en esa compresión.

Saber organizarse es una habilidad… Diseñar una organización eficiente, inspirada y capaz de integrar el cuidado en la estructura ¡es una obra de arte! La facilitación, en su labor transversal de llenar de contenidos y herramientas a una emergente cultura de la colaboración, puede acompañar esta clarificación entre los diferentes procesos.

La energía de un grupo cambia cuando lo que se va a abordar es el tejido relacional y sus colores emocionales. Cuando se trae al centro la visión/misión, cuando se organiza para actuar.

En diversos proyectos colectivos se da algo que podemos llamar “hambre de resultados”, haciendo así referencia a la escasez. No se trata tanto de una medida o de una expectativa excesiva, sino de una percepción de desequilibrio entre la energía que se pone en los procesos y lo que finalmente se cosecha… los resultados. Esto es consecuencia de la desatención que se pone en el cuidado de la acción, en la estructura organizativa. Es una percepción bastante certera. Puede haber un desequilibrio importante entre la energía que requieren ciertos procesos si no hay una organización/estructura que sostenga, y los resultados. Esto es una fuente segura de tensión y malestar, los conflictos que puedan emerger serán cíclicos hasta que el grupo aborde cómo quiere organizarse.

En este caso, desde la facilitación, tratar de procesar solo el clima emocional de desmotivación o conflicto, sin atender a la “escasez organizacional”, es como tratar solo un síntoma y obviar las causas. Naturalmente, no son aspectos excluyentes, se puede tratar el clima emocional y las causas estructurales.

Para que una cultura de la colaboración pueda prosperar y anclarse en el campo social, los colectivos necesitan ser no solo lugares donde compartir entre personas y relacionarse, contrastar opiniones y puntos de vista, sino también ser eficientes y capaces de lograr sus propósitos. Si no se diseñan organizaciones que de forma intencional sean colaborativas, lo que puede emerger son procesos competitivos y dinámicas de dominación. Muchos de estos patrones están interiorizados en cada persona, pero es en las estructuras que se crean donde se perpetúan.

Para la facilitación, saber mover el punto de  vista desde el que se va a mirar en función de lo que está vivo en el grupo y de qué energía se va a expresar, permite diseñar las intervenciones y afinar en los métodos y herramientas que puede ofrecer. Como facilitadoras es imprescindible hacerse con métodos que puedan apoyar al grupo en su desplegarse en lo organizativo.