Por Miguel “AuA” Plaza

Actualmente estamos viviendo una situación social emergente. Emergente no es lo mismo que de emergencia (también existe una emergencia sanitaria, pero voy a centrarme en la parte de qué es una situación emergente). Una situación emergente es una situación compleja, nueva, imprevista y poco predecible y de la que apenas tenemos información sobre cómo afrontarla. Podemos mirar, por tanto, a la situación social actual (desencadenada en este caso a raíz de ese invisible virus, pero que va mucho más allá de él) como un ejemplo de situación social emergente.

¿Y por qué hablar de situaciones emergentes?

Pues porque, muy probablemente, en un escenario de cambio climático, vamos a ver a lo largo de nuestra vida alguna situación social emergente más (no sólo por otra pandemia, sino por sequías agravadas, olas de calor de alta intensidad, eventos climáticos extremos, etc.). Vale la pena dedicar un rato a entender que, en estos casos, como sociedad civil podemos ir generando consciencia y capacidad de resiliencia ante estos eventos. En estas situaciones, emerge inicialmente una especie de estado alterado social (pánico, desinformación, inseguridad, infoxicación…), además de darse un impacto psicológico, económico y social a medio plazo que inicialmente no podemos prever. Desde el rol de la facilitación es un momento precioso para colocar este rol a operar a un nivel social en una situación emergente real y contribuir a vivir esta situación con más consciencia como comunidad.

¿Y qué puede aportar formal o informalmente el rol de la facilitación?

Nuestra labor como facilitadoras (si bien habrá una diversidad de contribuciones desde este rol) consiste en comenzar a entender más profundamente la diversidad de experiencias y roles que emergen en la situación, para tener una mirada más amplia y poder acompañar a las personas y grupos a entender más qué están viviendo y a poder salir de la ola de estado alterado. Acompañar a que cada una dé espacio a nombrar su propia experiencia interna, se dé más cuenta, entienda que en parte es una experiencia compartida y pueda escuchar también una diversidad de experiencias de otras personas respecto al tema. Así iremos desinflando el estado alterado, masticándolo y digiriéndolo en grupo, entendiendo más cómo queremos vivir estas situaciones desde un lugar más sereno y lúcido, y qué estrategias nos sirven para ello. Espacios de este tipo donde compartir cómo vivimos la situación pueden facilitarnos mucho “volver a tomar tierra”, enraizarnos y recentrarnos, permitiéndonos salir del estado alterado colectivo progresivamente o evitar entrar en él. Porque si este estado social alterado es sostenido en el tiempo puede agravar la propia situación y traer daños añadidos a los que haya traído el desencadenante de la situación. Son momentos de poner en valor lo humano, la inteligencia emotiva que nos sirve para caminar la montaña rusa de emociones que cotidianamente nos atraviesan, y poder aprovechar el potencial de transformación que pueden generar estas situaciones emergentes para la sociedad civil. Momento de tejer red de apoyo y cultivar una mirada amplia.

En homenaje, en esta situación concreta, a todo el personal sanitario, a limpiadoras/es de hospitales y ambulatorios, al sector primario que sigue llenando las despensas… Gracias. Y a quienes en este momento delicado miman el potencial de cambio presente y riegan la semilla de la libertad aún en el confinamiento.